Si hay un Convento que no puede dejar de visitarse en Palencia, ese es sin duda el Convento de Santa Clara o popularmente conocido como el Convento de las Claras. Situado en la calle Burgos enfrente de nuestro Teatro Principal, quizás no tenga la portada más llamativa de todo nuestro patrimonio, pero sin duda es el que más leyenda y misterio contenga.

La Iglesia de este Convento de estilo Gótico de los siglos XIV y XV es la única en todo Palencia que tiene planta de cruz griega, pero si hay algo que destaca por encima de toda su ornamentación, son sus dos leyendas más conocidas. La primera la de su novicia más famosa “Margarita la Tornera” obra de Jose Zorrilla, en la que se nos cuenta la historia de una joven novicia que locamente enamorada de un joven, decide abandonar el Convento para seguir a su amado, un tiempo después arrepentida y escarmentada de su decisión decide volver al Convento avergonzada, pero cuando vuelve a él, se da cuenta de que ninguna de sus hermanas la ha echado de menos y nadie ha notado su ausencia hecho que fue posible gracias a que la Virgen la cual sabiendo de antemano el desenlace del romance se hizo pasar por ella el tiempo que estuvo fuera para que la novicia no fuera expulsada de la congregación.

Pero el misterio más grande que contiene este lugar es su majestuoso Cristo Yacente o también conocido como Cristo de la Buena Muerte (aunque todo el mundo en Palencia le conoce como el Cristo de las Claras). Es una talla de madera de 1, 40 metros de largo que se encuentra dentro de una urna de cristal en una capilla a los pies del Templo. Muchas son las historias que rodean a este maravilloso Cristo, se dice que pertenece al enigma de los Cristos Siniestros de España, cuatro imágenes de Cristo especialmente impresionantes rodeadas de enigma, leyendas y milagros. Son los llamados Cristos dolorosos o articulados que además del de Palencia los otros tres son: el Cristo de Burgos, el Cristo de Barba Dourada de Finisterre y el Cristo de la Catedral de Ourense. Figuras articuladas destinadas a la representación teatral del descendimiento de Viernes Santo.

El Cristo de las Claras como los otros tres Cristos aparecieron flotando en el mar y como en los otros tres casos permanecen desde entonces en el lugar elegido por ellos mismos. En este caso fue encontrado por el Almirante Enríquez en el mar Mediterráneo dentro de una urna emitiendo un resplandor sobrenatural.

De esta talla se han dicho muchas cosas, pero la más llamativa es que podía ser la momia de una mujer (quizás por el tamaño) y sus dos milagros más conocidos son en 1659 año en el que libró a Palencia de una inmensa plaga de langostas, el obispo decide entonces sacar al Cristo del convento para celebrar una misa en la zona de las Eras de San Lázaro, se dice que nada más cruzar este la puerta del convento, aparecieron bandadas de avispones gigantes que se lanzaron sobre las langostas y estas eran tantas que al ir cayendo al pie de la muralla amontonadas llegaron a una altura de dos metros.

Otra de las leyendas relativas a este Cristo se remonta a una noche del año 1666 en la que en mitad de la noche las monjas de clausura que custodiaban al Cristo Yacente oyeron un tremendo estruendo que las despertó, cuando llegaron a la capilla donde se encontraba descubrieron perplejas que este, que el día anterior tenía las manos cruzadas sobre el pecho, ahora las tenía descruzadas y colocadas a ambos lados del cuerpo como se le puede ver hoy en día. Si a esto le añadimos que tiene pelo natural y uñas naturales (aunque desmentimos que le crezcan tanto uno como el otro) y que dentro del cuero se encuentra una calabaza hueca que antes se llenaba de vino o sangre para que cuando el cuerpo articulado se moviese pareciese que le sangraban las llagas, hace de este Cristo uno de los reclamos de Palencia que nadie debería perderse.

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