En Palencia, la primera noticia que tenemos de la celebración del Domingo de Ramos, data de 1585, ya que en el Libro de Reglas de la Cofradía de San Francisco (origen de la actual cofradía del Santo Sepulcro), que aún se conserva, queda ya plasmada la obligación, por parte de sus cofrades, de conmemorar la Procesión de la Entrada de Jesús en Jerusalén en la mañana del Domingo de Ramos.

La procesión comienza con la bendición de las palmas en la capilla del Santo Sepulcro para dirigirse hasta la Santa Iglesia Catedral, donde el obispo realiza la eucaristía propia del Domingo de Ramos. Al terminar la celebración los hermanos baten sus palmas mientras las puertas de la catedral se abren para recibir a Jesús, en una imagen del escultor cántabro Víctor de los Ríos, realizada en el año 1955.

Este conjunto escultórico está formado por las figuras de Jesús a lomos de una pollina, acompañado por una samaritana y un niño.

La alegría de la mañana, en la que los cofrades han salido con la cara descubierta, se oscurece en una procesión que se dirige hasta el cerro del Cristo del Otero.

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El antecedente más remoto de la Procesión Del Santo Rosario Del Dolor se encuentra en el año 1588 cuando, con la intención de pedir por la “Armada Invencible” que partía a combatir contra el Reino de Inglaterra, se realizó una procesión de disciplina y penitencia. A instancias de los gobernadores, en dicha procesión los cofrades de la Vera Cruz bajaron a la ciudad, por vez primera, la imagen de Nuestra Señora del Otero, y llegaron hasta las Puertas de Monzón (actual plaza de León), donde fueron recibidos por las autoridades, trasladándose posteriormente hasta la Santa Iglesia Catedral.

Esta procesión, en un principio de carácter extraordinario, caló muy profundo, y con el paso del tiempo se tomó por costumbre subir en procesión hasta la Ermita del Otero rezando el Santo Vía Crucis, participando en dicho rezo incluso los novicios del Convento de San Pablo. En 1957 se produce la supresión del noviciado, trasladándolo fuera de Palencia, y ello implica que la procesión se deje de realizar.

En 1999, siguiendo las directrices del entonces Obispo de la Diócesis, don Rafael Palmero Ramos, quien pedía que alguna procesión saliese a los barrios de la ciudad, se volvió a recuperar con la colaboración de los Padres Dominicos y de las parroquias de Santa María Estela y San Ignacio y Santa Inés, la ascensión procesional al Cerro del Otero, actualmente coronado por el magnífico Cristo de Victorio Macho, en la tarde del Domingo de Ramos. No obstante, el primitivo formato de Vía Crucis se ha cambiado por el del rezo de los misterios dolorosos del Santo Rosario.

Al caer la tarde del Domingo de Ramos, el discreto cortejo procesional sale de la Iglesia de San Pablo y, casi a modo de romería, atraviesa la barrera de la vía férrea, para dirigirse, en un primer momento, hacia el Barrio del Ave María; posteriormente, enfilando el Paseo del Otero, se interna en el Barrio del Cristo, para terminar ascendiendo hasta los mismos pies del Cristo que tallara Victorio Macho y que es considerado en la actualidad como uno de los símbolos más representativos de la capital palentina.

En el camino, la procesión realiza una primera parada en la Parroquia de María Estela, donde se rezan los dos primeros misterios del rosario, la Oración en el Huerto y la Flagelación. Un poco más adelante, y al pasar por las puertas de la Parroquia de San Ignacio y Santa Inés, la plegaria continúa con el tercer y el cuarto misterio, la Coronación de Espinas y Jesús con la Cruz a Cuestas. Ya en la cima del Otero, y tras la dura ascensión, se reza el quinto misterio, la Muerte de Jesús, y las Letanías a la Virgen.

Nada más finalizar el rezo, la procesión reemprende su marcha deshaciendo el camino andado, hasta regresar de nuevo a la Iglesia de San Pablo, donde tiene lugar una emotiva despedida.

En la procesión figura el Santísimo Cristo De La Vera Cruz, una imagen anónima del siglo XVI de estilo gótico, con rasgos arcaizantes y con ciertas reminiscencias hispano-flamencas, que hacen que pueda datarse en torno al año 1520.  Al Cristo de la Vera Cruz le acompaña en su ascenso al cerro del Otero Nuestra Señora Del Dolor, una talla de vestir propiedad de las Madres Dominicas del cercano Convento de la Piedad, en plena Plaza de San Pablo.

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