La antigua Plaza Mayor se encontraba junto a la Catedral, es decir que no siempre estuvo en la actual ubicación y justo detrás del Ayuntamiento se empezaban a instalar las clases altas de la sociedad palentina que se oponían al traslado de la Plaza a este lugar para evitar que, con la celebración del mercado (mercado que se seguiría celebrando aquí hasta la construcción del Mercado de Abastos en 1898), tuvieran que soportar los malos olores que este acarrearía como los del pescado, el ganado etc.

No era esta la única razón por la que la ubicación de la Plaza no se encontrará en la actual, otra de las razones era que los terrenos actuales eran propiedad de los Franciscanos, por lo que tuvo que interceder el Rey Carlos V hasta conseguir que a mediados del s XVI, estos terrenos fueran cedidos al Ayuntamiento de Palencia y se empezase a construir la Plaza Mayor, aunque no es hasta el s XVII cuando comenzasen las obras que concluirían en el s XVIII.

La actual Plaza Mayor ha sufrido muchas remodelaciones, llegando a tener en una época unos jardines preciosos, siendo en los años 94/95 las últimas, dándola el aspecto que actualmente tiene.

Es una Plaza típicamente castellana, rectangular y soportalada en tres de sus lados siendo el cuarto es el edificio del Ayuntamiento.

Lugar donde todavía se celebran mercados, como pueden ser los de Naturpal que se celebra el mes de octubre dedicado a la alimentación, el mercadillo navideño, el mercado de objetos de segunda mano que se celebra todos los domingos del año y algún mercado ecológico ciertos sábados al año. Además de lugar de conciertos en las ferias grandes de San Antolín.

Por todas estas razones, podemos decir sin equivocarnos que la Plaza Mayor de Palencia es el lugar de reunión, ocio y encuentro de los palentinos todos los días del año y sobre todo en fechas señaladas.

Pero si algo hay que destacar además del edificio del Ayuntamiento, esa es la escultura que en 1963 y en conmemoración del 4º aniversario de la muerte de nuestro insigne imaginero Alonso Berruguete esculpe y dedica uno de sus mayores seguidores y nuestro escultor más internacional Victorio Macho. Con esta obra Victorio Macho consigue cumplir su sueño más anhelado durante más de medio siglo desde que con ocho años lo conociese en el museo de Valladolid.

Dos son los elementos utilizados para esta obra, bronce y piedra, bronce para realizar la figura del imaginero, en la que se le ve en posición pensante sujetando el martillo y el cincel y piedra blanca simulando una inmensa llama donde plasmó relieves de diferentes personajes como son San Sebastián, Job, Abraham e Isaac, así como la cabeza de su propio Cristo del Otero y el busto del Cardenal Tavera.

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